Area 51

I. Leo un texto de Fabian Ardaya en The Athletic sobre la emotiva victoria de los Angels ante los Mariners (13-0) en su primer partido en el Angel Stadium of Anaheim tras el repentino fallecimiento de su pitcher zurdo Tyler Skaggs en una habitación de un hotel de Texas el pasado 1 de julio horas antes de un encuentro de su equipo ante los Rangers. Hay un párrafo que vuelvo a leer varias veces. Los pitchers de los Angels terminaron el choque sin que los bateadores de los Mariners consiguieran golpear ninguno de sus lanzamientos. Fue el 11º partido no-hitter de la historia de los Angels, justo el mismo número que llevaba Skaggs en el equipo de su instituto, el Santa Monica High School. Es una coincidencia, pero no es la única. Los jugadores de los Angels anotaron siete carreras en la primera entrada y trece en total. O lo que es lo mismo: los números que se corresponden con el día y el mes de nacimiento de Skaggs (7/13, traducido al castellano: 13 de julio). Hay, por supuesto, una tercera eventualidad. El encuentro no-hitter combinado de los Angels es el primer partido no-hitter combinado que se produce en California desde que los pitchers de los Baltimore Orioles dejaron sin batear a los jugadores de los Oakland Athletics el 13 de julio de 1991 en el Oakland-Alameda County Coliseum. Ese mismo sábado de principios de la década de los noventa, 360 millas al sur de ese mítico estadio al este de la Bahía de San Francisco, entre las Santa Monica Mountains y el San Fernando Valley, en Woodland Hills, nació el propio Skaggs.

Los seres humanos somos química y nada más.

Las casualidades no existen.

Pero a veces con eso no basta para explicar las cosas que suceden.

II. Hay días que pienso que el béisbol es un deporte que consiste en un pitcher que intenta que unos bateadores no consigan dar a la pelota que lanza y otros días en los que creo que el béisbol es un deporte que consiste en unos bateadores que intentan dar a la pelota que lanza un pitcher. Ambas frases parecen significar lo mismo, pero no es así. Están llenas de matices y hasta se pueden considerar antagónicas. Intento llegar a un pacto con mi indecisión para poder tener una única opinión al respecto, sólida y formada, pero sólo consigo alcanzar un acuerdo con mis dudas sobre otro pensamiento completamente diferente: no me gusta nada el lugar hacia el que se dirige el béisbol, ni la mayoría de las normas que quieren implantar.

En realidad, es un pensamiento recurrente: no me gustan nada los lugares hacia los que se dirigen la mayoría de los deportes en la actualidad.

III. Yo no quiero ver a bateadores golpeando la bola hasta las gradas una y otra vez, sino que quiero ver a bateadores que pongan la pelota en juego y que busquen que las bases se llenen. A corredores que intenten robar la base siguiente y a catchers que no tengan miedo a lanzar a la base para eliminarles. A pitchers que sepan buscar las zonas del plato en las que el bateador golpeé peor, pero que también tengan que batear cuando ya hay dos eliminados y un corredor está en la primera base. A terceras bases y shortstops que den todo lo que tienen en defensa aunque acaben con sus huesos dislocados.

Yo quiero ver un juego sorpresivo e inesperado durante horas, no una recopilación de destellos predecibles que acumulen millones de visitas en Youtube.

Ni siquiera si esos destellos predecibles de Youtube los protagoniza Mike Trout.

Y eso que pagaría millones de dólares por ver cada segundo de mi vida a Mike Trout jugando al béisbol.

IV. Más de un millón de personas se han apuntado ya a una quedada en una red social para asaltar en las primeras horas de la mañana del próximo viernes 20 de septiembre el Homey Airport (KXTA), el campo de entrenamiento remoto de la Base Nellis de la Fuerza Aérea de Estados Unidos situado en el Groom Lake, 124 millas al norte de Las Vegas (Nevada). Quizá os suene bastante más si lo llamo por su nombre coloquial: Area 51. Es decir, según las teorías de conspiración más importantes del siglo XX, el lugar en el que el Gobierno estadounidense mantiene ocultos todos sus descubrimientos sobre extraterrestres en nuestro planeta. Ese es, precisamente, el objetivo de los asaltantes: revelar los “tesoros extraterrestres” que el Gobierno norteamericano mantiene escondidos en la base. Los autores de la convocatoria son explícitos y contundentes: “Todos nos reuniremos en la atracción turística del Area 51 Alien Center y allí coordinaremos nuestra entrada. Si corremos como Naruto (el ninja de la serie de manga escrita e ilustrada por Masashi Kishimoto), podemos movernos más rápido que sus balas. Vamos a ver a los alienígenas”, mantienen.

Toda vez que Laura McAndrews, la portavoz de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, ha desaconsejado en una noticia en The Washington Post a los asaltantes que intenten ingresar en un lugar en el que entrenan las Fuerzas Armadas estadounidenses, ya que “La Fuerza Aérea de los Estados Unidos siempre está lista para proteger a los Estados Unidos y sus activos” y que la historia nos ha enseñado que las amenazas de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos hay que tomárselas realmente en serio, quizá lo más inteligente sea que ese millón de personas se desplacen veloces como Naruto unas 350 millas al suroeste, hasta el citado Angel Stadium of Anaheim.

Allí sí que ocurrió algo extraño el pasado viernes.

Y también allí, 81 días al año, Mike Trout declara su amor eterno al béisbol.

Dicen que él, Mike Trout, es uno de nosotros, que es química y nada más, pero yo, aunque no vi a ese globo estrellarse en Roswell, no me lo creo.

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